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Charlas con Adolfo 1958 tercera parte (Edición Gratuita).

Nota del Autor: Esta NOVELA es el fruto de años de trabajo, trata sobre el amor, el cariño perdido, las ausencias y todas aquellas emociones que hacen al ser humano. Nada tienen que ver con un apoyo a ninguna política que no contemple los derechos humanos en su totalidad.  Es fruto en parte de mi la imaginación y también de las duras vivencias de mi padre y mi hermano en los lejanos desiertos del sur argentino. Las opiniones de los lectores corren por su exclusiva cuenta.


Nota del autor

No hay más escritos de Papá. Ninguna anotación posterior. Ni una sola explicación a la familia sobre semejante aventura. Es lógico que no pudiese contar su amorío con Frida pero el cúmulo de informaciones es sencillamente abrumador ¡Y no dijo nada! Sencillamente cerró aquel Diario e intentó olvidar.
Trato de pensar en aquella época en que yo tenía ocho años. No puedo recordar.
Estoy convencido que mi hermano nada supo de Frida, ni de las aventuras de nuestro padre con el que fuese el hombre más poderoso del planeta. Como dije Judith menciona el nombre de nuestra hermana Ana. Que conoce por los hombres que la secuestran y que desesperadamente quieren encontrarla.
Seguramente Frida le escribió a papá contándole sobre la hija de ambos, aunque él nunca habló de ella.
Recordemos que Alejandro logra que llegue a mis manos la carta donde se menciona el nombre de Ana, minutos antes de morir.
He revisado una y otra vez el arcón donde encontrara El Diario y las Cartas. Los pocos papeles que dejó papá no arrojan ninguna pista.


La decisión final

Al final del camino cada pieza de esta historia estuvo en su lugar.
Tal vez todo lo narrado no es cierto y solo ha sido un trabajo literario de mi padre. Quizás el deambular de mi hermano por la Patagonia consistió solo en las aventuras de un muchacho extraño y algo extraviado. También es posible que la muerte de Judith nada tenga que ver con un secuestro y sus maquinaciones se hayan debido a un ser perdido mentalmente por las brutalidades de la guerra. Y bien puede ser que todo lo que me ha ocurrido haya sido por mi imaginación exacerbada.
Quizás no tenga una hermana cuya sangre encierre el secreto de la juventud. ¡Eso deseo! Pero las pruebas son de tal magnitud que me resisto a creer que será tan sencillo librarme de todo esto.
Así he podido a comprender lo inmenso de la tragedia y lo que podría pasar si se llegara a conocerse el último eslabón de la cadena, que ya no me afectaría solo a mi o a mi familia, sino a cientos, tal vez a millones de seres.
Regreso a mi hermano Alejandro. A su vida marcada por el abandono, el dolor y la muerte. Recordé sus ojos mirándome desde su cama agonizando. Cuántas cosas podría haberle preguntado antes, cuando aún teníamos tiempo.
Seres tan disímiles, mi hermano, papá, un Adolfo Hitler, ya viejo y olvidado, pretendiendo, desde un ínfimo pueblo de la Provincia de Buenos Aires, que un don nadie, un simple vendedor de herramientas, como mi padre, compartiera sus palabras de grandeza, en un gesto inútil y final, pero necesario.
Frida, su adorada Frida, entregándosela a papá
Judith, la esposa de mi hermano, tomando una misión para arrancarle el secreto tan buscado. Suicidándose en un acto de amor incomprensible.
Mi padre perdido en su necesidad de huir de mi madre.
Mi propia madre trabajando arduamente, para sostenernos, a mi hermana y a mí, en la vieja casa de la calle Gascón 2335 de Mar del Plata, en Argentina, mientras mi adolescencia transcurría sin que me diese cuenta de los extraños sucesos que estaban trascurriendo.
Veo, el tiempo que, como fina arena, se escapa de mis manos, grano a grano. Pero es un viaje hacia atrás, que de todas formas se mezcla con ayeres y presentes.
Estoy parado ahora frente la tumba de Otto Luwing, en este olvidado cementerio de Saldungaray, en la Provincia de Buenos Aires, mientras el viento inexorable me hiela hasta los huesos. El camino polvoriento se pierde entre los tilos. Supongo que bajo esa lápida se encuentra otro cuerpo que nadie imaginará nunca.
El tiempo borrará también el nombre sobre el mármol. Ya nada quedará. Curiosamente la información sobre su destino final me llegó por pura casualidad. Una vía no relacionada con ésta historia (o tal vez sí). Lo diré: Un ex agente de Inteligencia de la Armada, interesado en la historia, me proveyó de documentación clasificada (parte de la cual he mencionado en parte) en la que se indica el lugar donde “Don Otto” se convierte en polvo. Mientras el mundo lo recuerda como el monstruo.
La arena corre entre mis dedos. Estoy en el desván, buscándo lo que mi tío me pidiera. El sol juega con las sombras y veo el arcón.
El Diario corre hoja a hoja entre mis manos.
Mi padre desde el fondo del tiempo habla de su aventura con ese viejo que suponíamos muerto hace mucho tiempo.
Una tumba abierta en el fango. El cementerio de la Chacarita, absolutamente tétrico, en la furia de la tormenta. El ataúd de mi hermano, tirado rápidamente al agujero inundado, mientras nos espían.
El tiempo extrae recuerdos de mi mente a borbotones.
Alejandro volviendo a Buenos Aires.
La avidez de Olga, su segunda esposa, acaparándolo todo. Fría e insensible.
Alejandro castigado, viajando a en un polvoriento tren hacia la Isla Leones, en el lejano Chubut, al destacamento militar.
El faro cómo un único y solitario ojo. Las  innumerables tormentas. Los vientos implacables. La lluvia taladrando los techos de chapa. Las noches increíblemente largas. Las olas barriendo gran parte de la isla. El aislamiento. Los cielos negros desbordados de rayos y truenos, estallando en las rocas. Buenos Aires en un norte inalcanzable. Las cartas a sus tías. El silencio de nuestro padre.
Luces en la noche. Llamadas quizás a los U-Boats.
El despertar de Alejandro. La llegada del primer submarino. Alemanes desde la guerra a la Patagonia.

El fin de la inocencia. El escape. La navegación hacia el norte.
El cruce por la estepa hacia el Oeste. La soledad y la intemperie. Un pobre muchacho con sus sueños destrozados. Huyendo, siempre.
El corazón enorme de Don Eusebio, cuidando de mi hermano. Otra vez la percusión, buscándolo.
La separación. La inmensa tristeza  de Don Eusebio.

La carrera hacia los bosques.
El silencio de las noches. Los fuegos calentándolo en alguna gruta. Los inviernos durísimos. Las aves altas en los cielos de montaña. Él mirando esa libertad sublime. El deseo de escuchar alguna vez una voz humana. La caza para alimentarse. Los bosques para pasar desapercibido.
El alma añorando una mano, una caricia.
Las largas cartas enviadas a nuestro padre.
Los trabajos en las estancias. La vuelta a la naturaleza impredecible. Desvanecerse, una y otra vez.
La nieve en las montañas. Los amaneceres helados. Las pieles cubriendo su cuerpo. Los ojos y el alma cansados. La esperanza de ver a papá.
Su niñez, correteando en la vieja casona de Flores, en Buenos Aires.
Mi hermana y yo, lejos de él, en Mar del Plata
Mi padre sin trabajo fijo, deambulando por los pueblos, vendiendo herramientas.
Mi madre, mi hermana y yo, siempre solos.
Papá casándose con Noemí, mujer extraordinariamente culta. Gran pianista. Él cantando arias de ópera, mientras ella desgranaba magistralmente cada nota en el piano.
Mi madre, amiga de Noemí aconsejándola que no se casara con mi padre, por que éste era poca cosa para ella y luego contrayendo matrimonio con él.
La muerte de Noemí, la madre de Alejandro, durante el parto.
Mi padre casado por segunda vez, ahora con mi madre.
Ella rechazando a Alejandro pequeño. Mi padre inmutable.
Más atrás, aún más lejos. La arena resbala ávidamente entre mis dedos. El tiempo corre en un vendaval de imágenes.
El Coronel Cortina, tatarabuelo de mi abuela materna, cabalga junto al General, Don José de San Martín. Camaradas, amigos, a las órdenes de la Patria Grande. Que un día traería a otros hombres sucios por el humo de la Guerra. Patria que mucho más tarde se vería desgarrada por la corrupción generalizada de pueblo y gobiernos.
Tiempos en que aquellos que soñaron con un futuro de grandeza no pudieron imaginar la desolación sin esperanzas que traería el futuro.
Una patria desgarrada por seres miserables. Luego, cuando creíamos haber llegado al fin al sueño colectivo, trajeron mentiras una y otra vez, en nombre de la democracia
El indio, en las inmensidades del sur y de la Pampa corretea libre. Cabalgando con el viento. Persiguiendo los horizontes.
El hombre blanco. El maldito Juan Manuel de Rosas dando la orden de la “Solución Final” “Dejen solo a las mujeres de menos de 20 años. Indios, indias y niños, me los matan”
Los malones. La resistencia. Los Caciques, cuyos nombres poco conocemos. La tenaz lucha contra el invasor español. Los mapuches, los puelches.
El criminal Julius Popper, un ingeniero rumano, que mataba onas por diversión.
Niños indígenas corriendo despavoridos ante el fuego de los rémington y el filo del acero.
¿Qué patria hemos hecho? ¿Cuánta sangre y mentiras aún debemos soportar?
Holocaustos, muchos e incontables holocaustos. Sí. No hubo uno, fueron cientos. Miles, tantos como la abrumadora historia humana.
Desde el fondo del lejano sur, antes que siquiera nos dijesen que somos argentinos, ya se realizaron inmensas matanzas de inocentes. Luego vinieron otras.
La Guerra, los rusos violando y asesinando a las alemanas . Ciudades reducidas a polvo. Hombre a hombre, mujer a mujer, niño a niño. Los libertarios aplastando cada vida.
El ardor, la carne quemada en Hiroshima.
¿Los judíos víctimas?, sí, unas más entre tantas.
¿Qué hacer si la ley no nos protege?
Elegimos a nuestros “representantes”. Firmamos el supuesto contrato social, entregamos gran parte de nuestra libertad y luego, ellos hacen lo que se le ocurra.
¿Cómo lograr un país de Derecho, sin exclusiones, donde la justicia sea el más preciado bien?
Una vez que los políticos  toman  el poder, nosotros, los súbditos miramos atónitos, por las ventanas del palacio, la eterna fiesta.
Otro poder, mucho más siniestros y sutil ha inundado el corazón del hombre. El ser humano, que es el único que se plantea el porqué de su existencia, lleva la carga de su propia muerte. La esperanza innata lo induce a creer sin ningún fundamento en el después. Ellos lo supieron casi desde el comienzo de los tiempos y procedieron en consecuencia. Fueron creando religiones. Se inflamaron las mentes con premios y castigos. Paraísos e infiernos. Se alzaron catedrales, y el hombre miró hacia el cielo creyendo en las promesas. Así, un poder ayudó al otro y se potenciaron.
Hoy creemos que vivimos en libertad y esperamos (si respetamos el estatus quo) que tendremos nuestro premio: después de la vida. Claro que son tan increíblemente perfectas las religiones, que nadie va a poder quejarse de la inexistencia del infierno ni del paraíso. Sin embargo la gente seguirá creyendo, ya que es más sencillo que la duda y menos temerario. Los gobiernos se sirven de esa ignorancia en su propio provecho.
¿Existe Dios?, sinceramente no tiene ninguna importancia. No al menos en los asuntos humanos. Sufre tanto un inocente niño con cáncer, un aciano olvidado, un ser hambriento o cualquier otra forma en que el dolor se presenta en la carne humana. ¿A quién le importa? ¿Acaso la única manifestación divina debe ocurrir después y no antes de la muerte? Así es claro que el Dios que creemos que  nos ama y nos protege, no lo hace cuando sufrimos. ¿Quieres llamarlo naturaleza?, está bien, quizás orden, complejidad maravillosa de nuestros cuerpos. La música del Universo, que de la nada se creó. Polvo incandescente, gravedad, esferas de luz formándose, girando, brillando. Tiempos inconcebibles, eones, mundos y en uno de ellos, perdido en el frío vacío del espacio, nuestro ínfimo y maravilloso planeta. El único lugar donde estar. Nuestra casa, repleta de agua y de vida. ¿Es eso Dios? Tal vez. Me gusta pensar en el orden como una ley. Pero ese Dios no es de ninguna manera el que nos quieren vender.
No tenemos más hogar que ésta esfera azul, terriblemente superpoblada, sin más certezas que nuestra corta vida. Con una civilización superflua y egoísta. Con más preguntas que respuestas.
¿A dónde iremos? ¿A dónde?
La decisión se acerca. El elixir de la vida. Un mundo sin enfermedades.  Cuerpos perfectos capaces de auto regenerarse. Ciento treinta o quizás ciento cincuenta años de lucidez. Nunca más cáncer, ni malformaciones. La cura para casi la totalidad de las patologías.
¡Un mundo prácticamente sin médicos! Allí está la copa que podría hacernos al fin libre ¿Libres?
Ahora tengo en mi mente la cara de mi hermanastra, allá en el sur patagónico. La imagino en su casa. En la soledad de la montaña, sin marido ni hijos. Esperando sencillamente que el tiempo también le alcance y el secreto tan buscado, desaparezca con su muerte. 
Entonces si todo esto es cierto, si no ha sido, como deseo, una extraordinaria ficción de mi padre, Ana, mi hermanastra es seguramente como su madre. Si la encuentro y hablo de su existencia, correrá un peligro mortal. Su vida y la de millones de seres están ahora en mis manos.
La raza superior puede ser ahora el hombre nuevo. Cada ser del planeta, todos.

¿Un nuevo comienzo? ¿O el comienzo del final? ¿Tengo derecho? ¿Una vida vale más o menos que la de millones?
¿Podré ser tan obtuso como para creer que ella será respetada? ¿Qué graciosamente todo ese conocimiento se utilizará para mejorar vidas? 
El viento corre por el cementerio, hace frío. Miro por última vez el mármol negro y unas estúpidas flores de plástico.
Camino solitario entre las tumbas. El enorme portal del pequeño cementerio queda atrás.
Cientos de millones de vidas, de inocentes masacrados, se han olvidado como si nada hubiese importado.
¿Quiénes tenían la razón en la guerra? ¿Los que ganaron o los que la perdieron? La respuesta es sencilla, en la guerra no hay razones, solo verdugos, de uno y otro lado.
Vuela el polvo del camino. Levanto el cuello de mi abrigo, ahora llueve. Se ha levantado un viento fuerte y helado que me empuja indiferente.
Bajo el último tilo, antes de buscar la calidez de mi automóvil, me apoyo en árbol sin hojas. Sus ramas se alzan al cielo gris como si un enorme esqueleto humano le gritara a su Dios invisible ¿Por qué?
Cierro los ojos y cientos de imágenes pasan asombrosamente por mi mente: Hombres parecidos a monos matándose. Pequeñas tribus. Días de hielos, ciudadelas, desiertos. Volcanes cambiando la superficie terrestre. Ciudades amuralladas, templos, pirámides, ejércitos marchando. Conquistas, inocentes, fuegos. Piedras lanzadas por máquinas. Imperios que nacen y desaparecen. Civilizaciones tragadas por la arena y el tiempo. Dioses inertes de piedra, deidades, creencias. Cargas de caballería, espadas, cruces, torturas, llantos, iglesias, poderes. Reyes, soberanos, países, colonias, holocaustos, matanzas. Pueblos huyendo, desesperación. Invocaciones a los dioses, plagas, más guerras, naciones contra naciones. Odios, brutalidad, matanzas en masas, ignorancia. Miradas hacia el más allá, papados repletos de oros y mentiras. Falacias, tecnologías, destrucciones. Pilas de cadáveres, fosas, hornos, bombardeos. Matar en nombre de la libertad, libertad en nombre del capital, capital en nombre de la avidez. Selvas calcinadas en nombre del futuro. Fábricas en nombre de la esclavitud. Comprar, acceder, bienes desparramados por el mundo, barcos llevando todo lo innecesario de un punto a otro. Montañas convertidas en desiertos en busca del oro y del carbón. El veneno nuclear desparramándose hacia las aguas. Selvas sin verde, árboles cortados, cielos marrones. Autos y más autos. Hambrunas, misiles, guerras en busca del petróleo. Mentiras y más mentiras. Políticos riéndose de todos aquellos que los eligieron. La tierra vista desde el espacio cada vez más marrón. Nuestra hermosa burbuja azul... nuestro hogar, único y maravilloso, envenenado por todos nosotros.
Estoy mareado, todo da vueltas, el Diario. Mi padre impasible. Mi hermano. Un viejo gastado, en un pequeño pueblo de la Provincia de Buenos Aires. Atilo Bebilaqua,  Frida. Judith. Olga. Don Eusebio. El Faro en la Isla Leones. Los U-Boats en nuestras costas. La base Alemana en el Polo. Ana mi hermanastra y el secreto en su sangre. Hombres buscando la clave última del hombre.
Ráfagas de viento, hojas arrastradas, tierra y soledad.
Allá se encuentra la entrada al cementerio. Cómo una gran boca, parece reírse de la humanidad entera gritando ¡esperen! Todos pasarán por aquí, solo es cuestión de tiempo.
La carta náutica en mis manos, la posición del U-Boat, en las oscuras aguas australes
¿Sobrevivir? ¿Acaso hay esperanzas?
Tengo frío, el alma me pesa, la decisión final. La salvación para los enfermos, una mejor vida para todos. ¿Para todos?
Imagino a nuestros gobernantes utilizando para ellos el conocimiento, perpetuarse, es lo que hacen siempre. Luego vendrán  desde el norte a arrebatarnos el elixir de la vida. Crearán sí, una nueva raza, o etnia, como Adolfo quería, solo para algunos de ellos. Volverán a mentirnos. Las iglesias hablarán de milagro y cada gota de sangre de mi hermanastra se cotizará en oro.
Crearán nuevos soldados, más ejércitos. Se reirán de las hambrunas del África, de los humildes, de todos nosotros. Vendrán nuevas y más espantosas guerras. Más diferencias que el “nuevo progreso” creará. Los reyes del mundo, sentados en sus tronos democráticos harán lo que quieran, mientras falsos dioses serán adorados por las multitudes. El Vaticano agradecerá a Dios y recogerá los dineros de los fieles que esperarán inútilmente su gota de sangre.
Miles de millones de seres en un mundo que lenta pero inexorablemente se va extinguiendo. El verde se transforma en marrón, el azul del mar se esfuma, la hermosa tierra, es arrasada. Los dineros se prestan a países y generan, sin esfuerzo espurias riquezas. El capitalismo salvaje quiere más y más.
¿Por qué voy a darles este poder?
Finalmente la nada nos espera a todos. El vacío de la eternidad, ese es el verdadero sentido democrático, las mismas posibilidades para todos.
Puedes creer lo que quieras, sueña inútilmente con un más allá, la nada está ya muy cerca.
Todo da vueltas, en un frenesí sin límites, tengo nauseas por mí, por todos nosotros. Por la estupidez humana, por no razonar y utilizar la maravillosa mente que poseemos.
Veo a un niño en una cama de hospital, sin su cabello, con tubos, siento su dolor y el de tantos otros. Por mi piel se trepan miles de hambrientos en harapos,  si  sus genes fuesen como los de Ana serían tan fuertes….
La última esperanza, la salvación.
¿Quién soy yo para decidir por todos? ¿Por qué estoy aquí con éste tremendo conocimiento?
Apoyado en el tronco del viejo árbol levanto los ojos hacia las grises nubes, ha dejado de llover.
Más allá, muy arriba el espacio negro se ilumina con las estrellas que no puedo ver. Me alejo, a velocidades inmensas hacia el vacío.
¡Ahora lo he comprendido! lloraré por los enfermos. Portaré una carga infinitamente pesada.
Los humildes seguirán allí resistiendo, hasta que las ovejas se conviertan en lobos, hasta que puedan comprender cuál debería ser el camino.
Un momento en nuestra historia en que los gobernantes rindan cuentas de sus actos con sus bienes y hasta con su propia vida y ello no signifique salvajismo, si no justicia. Un tiempo en que los gobernados podamos juntarnos y legalmente echar a patadas, con un simple trámite legal a todos aquellos políticos “elegidos” que se han vendido al mejor postor.
Sí, lo siento tanto. La carta náutica, la posición del U-Boat se deshace en mis manos. Los pequeños trozos son llevados por el viento hacia el cementerio. Encontrarlo significaría que todo esto es cierto. Ahora al menos queda la duda. No hay copias. Su ubicación descansa en lo profundo de mi mente. Está perdido para siempre. El acero se disolverá lentamente y será cubierto por el fondo marino.
La última carta de Alejandro es llevada por el viento. Mi hermanastra seguirá tranquilamente con su vida y su sangre será solo para ella.
He elegido, este mundo no admite más personas. Dejemos que la muerte siga reinando.
Quizás el planeta posea algún tipo de inteligencia para hacernos desaparecer o quizás para reducirnos dramáticamente. Aún quedan otros 4500 años millones de años por delante. Tal vez otra civilización, otros valores en otro tiempo.


Fin

Dichos

Una vez que terminé de escribir la historia encontré algunas frases y pensamientos sugestivos.
Los personajes que intervinieron en el drama han dejado su impronta en mi espíritu. Quizás al finalizar la obra el lector vuelva a los mismos, aceptándolos o negándolos, es libre de hacerlo, ya que de ninguna manera ha sido mi intención modificar el pensamiento de nadie. Solo narro lo que el destino o la casualidad depositaron en mis manos.

Las guerras me repugnan, no solo porque en ellas muera mucha gente, sino porque las personas que mandan a los demás a la muerte quedan vivas

Nada tan grande como la voluntad
Nada tan frágil como el sentimiento
Nada tan indispensable como la libertad
Y nada tan implacable como el tiempo

Solo se puede luchar por lo que se ama, se ama lo que se respeta y se puede respetar lo que se conoce.

Acerca del bien y el mal

Me he preguntado qué significan estas dos palabras. Si a través de los tiempos e independientemente de las costumbres, han existido siempre acciones humanas que podamos considerarlas el mal en forma absoluta.
Esta obra ha soslayado el tema. Modestamente entiendo que toda vez que una vida humana o animal es sometida, adrede, a cualquier sufrimiento, ello constituye sin duda el mal. Si es así no cabe duda que no hubo un holocausto, existieron cientos. Cada vez que un grupo de persona (y no importa el número) que, por cualquier razón, hayan sido violadas en su vida, inteligencia, libertad, moral, creencias, etcétera, ello ha constituido siempre una tragedia. Ergo: no hay malos y buenos. Existen los seres humanos. Y así como el hombre puede ser un Dios cuando sueña, a veces se convierte un verdugo sin alma. El porqué no lo sabemos.

La historia la escriben los que ganan, no los que pierden, por ello toda descripción de un tiempo es subjetiva, arbitraria e intencionada y nos deja en la incertidumbre de la duda.
Tal vez llegue un tiempo en que las ovejas se conviertan en lobos y los gobernantes -elegidos democráticamente- rindan cuentas de sus actos, con sus bienes y hasta con sus vidas y ello no signifique salvajismo sino justica.
Un día en que la democracia deje de ser una palabra vacía, un invento para que creamos que elegimos y sea el ideal más puro y más noble del ser humano.

Sólo pido dos cosas: Justicia libre del poder político y castigo ejemplar para todo el que rompa el Contrato Social y No tener nunca más vergüenza de ser argentino. Para ello solo se requiere algo: amar a la patria.  Los buenos tiempos llegarán entonces sin sobresaltos.

De los sentidos es de donde procede toda credibilidad, toda buena conciencia, toda evidencia de la verdad y ya que ellos son falaces y solo nos permiten una mínima mirada del mundo, entonces nuestras “verdades” solo son una parodia de la realidad. Esto es importante pues no lleva a plantearnos el engaño en que hemos vivido (y aún lo estamos).
En el comienzo, cuando un hombre y una mujer deambulaban ¿felices? en un Edén, el Padre realizó la primera prohibición “No comer del árbol del conocimiento”, ya que el hombre nunca debería llegar a saber cómo Dios. ¿Qué importancia nos trae esta superchería? La más importante: el suicidio de la razón. La obediencia ciega y fanática. Así la fe cristiana (y otras) han mutilado la libertad. Atando al ser a la dependencia, al fanatismo y sacrificando toda posibilidad de crear nuestro destino.
El dogma es la Ley. Uno manda y todos obedecen so pena del castigo  o la recompensa extraordinaria de la felicidad eterna. Claro está que la única certeza de la misma depende de la creencia y el sometimiento.
Quizás ésta forma de aprender el mundo sea la consecuencia de cómo nos va en ésta sociedad planetaria.
Lo que llega a nuestra mente, a través de los ojos y oídos, solo son falacias, muchas veces alimentadas por aquellos que necesitan que las creamos, para mantener el Statu Quo.
Hemos entregado lo más preciado: nuestro libre albedrío. Perdimos la armonía y nos convertimos en míseros seres que luego del genocidio mundial esperamos la hostia salvadora que nos redima hasta la próxima ejecución. ¡Es tan sencillo! Solo arrepentirnos. ¡Nuestro Dios es maravilloso!

La naturaleza va perdiendo su balance. Aunque prefiero la nada a un Dios que somete a sus hijos, imagino finalmente que la naturaleza, el planeta mismo, tarde o temprano, nos hará sentir su cólera. Poco importará entonces que nos arrodillemos a implorar.
El equilibrio se deberá restaurar a pesar nuestro.


Referencias

U-Boot, abreviatura del alemán Unterseeboot, «nave submarina» En ésta obra los mencionamos como U-Boats o Lobos Grises.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial, el 3 de septiembre de 1939, sorprendió plenamente a las fuerzas submarinas del III Reich, que apenas se encontraban listas para entrar en acción. Hitler había afirmado que al menos hasta el año 1944 no necesitaría apoyarse en las fuerzas armadas para conseguir sus objetivos políticos, y esa confianza en sus palabras había retrasado de forma ostensible el rearme naval (Plan "Z"), que preveía la construcción de una enorme flota disuasoria, en la que no podían faltar 233 sumergibles en sus versiones costera y oceánica. Al finalizar la guerra lograron fabricar más de 1100 submarinos.


Submarinos Alemanes “Perdidos”

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial permanecen desaparecidos  más de 100 submarinos alemanes de los que no se ha vuelto a saber nada. No fueron declarados hundidos, ni se rindieron nunca a los aliados ni a autoridad de país alguno. En los archivos, la explicación sobre su paradero es siempre “asunto no aclarado”. Los aliados descubrieron tras la guerra extrañas irregularidades en los archivos de la Kriegsmarine, como lo demuestra el hecho de que algunos submarinos de última generación llevaban la numeración de submarinos anticuados


Isla Leones

La Isla Leones es realmente inusual y excepcional. Hay enormes colonias de pingüinos Magallanes, de aves marinas de todo tipo y loberías. Se acercan a alimentarse delfines y orcas. Pueden verse mulitas mansas en sus lomas. Esta isla se encuentra al sur de la provincia de Chubut, debajo de la Bahía Camarones, en la boca norte del Golfo de San Jorge. Es toda de piedra con poca vegetación arbustiva y muy espinosa
La altura máxima es de 79 metros (donde se encuentra el faro) y tiene unas dos millas de largo y 1,5 millas de ancho.
El nombre original de la isla fue Barela, por el primer piloto de la expedición de los sacerdotes Quiroga y Cradiel a la Patagonia entre 1745 y 1746, don Diego Barela. En 1780, cuando el paquebote “San Sebastián” efectuaba el reconocimiento del Cabo Dos Bahías, el piloto Tafor lo cambio por el actual, debido a los fuertes ecos que los lobos producían en ese lugar. La población más cercana es Camarones, pueblo pesquero pequeño, que abasteció a los torreros durante más de 50 años. Aún sobreviven el almacén de ramos generales “Casa Rabal”, en cuya fachada se lee la fecha 1901.
Para mejorar las condiciones de seguridad de esa zona, donde había naufragado en 1899 el ARA Villarino (Que trajera los restos del General Don José de San Martín) en las cercanas islas Blancas, el gobierno decretó la instalación de seis faros en diferentes puntos geográficos, uno de ellos sería el de Leones. Según el libro de navegación del balizador ARA Mackinlay en 1915


Faro de la Isla Leones

El Faro Isla Leones era un faro habitado de la Armada Argentina. Su ubicación es 45°03′01″S 65°36′26.77″O, en la isla Leones, frente a la bahía San Gregorio, aproximadamente a 150 kilómetros al noroeste de la ciudad de Comodoro Rivadavia, Departamento Florentino Ameghino, en la Provincia del Chubut, Patagonia Argentina. La isla en la que se asienta se halla en la boca norte del Golfo San Jorge en el mar Argentino, se halla deshabitada. Forma parte de un pequeño archipiélago junto con la isla Península Lanaud, el islote Rojo, así como otros islotes y rocas menores. El faro fue librado al servicio en el año 1917 con un alcance geográfico de 38,4 km y uno óptico de 51,2 km. Su luz emitía un destello cada 10 segundos. Fue abandonado en 1968, siendo reemplazado por el faro San Gregorio, aproximadamente a 3 km de distancia en tierra firme. Se halla en la parte más alta de la isla, a 79 metros sobre el nivel del mar. Hoy en día se encuentra abandonado, principalmente por las condiciones climáticas más que por el saqueo humano, ya que su acceso es dificultoso.


Parque inter jurisdiccional
Marino Costero Patagonia Austral

Actualmente es el primer Parque Nacional Costero. Es un Área Natural Protegida ubicada en la zona norte del Golfo San Jorge, que comprende territorio costero, insular, marino (lecho y subsuelo), y su espacio aéreo, abarcando desde Isla Moreno hasta Isla Quintano, entre las localidades de Camarones y Comodoro Rivadavia.
Posee una extraordinaria diversidad de fauna ya que es hábitat de lobos marinos, pingüinos y cormoranes entre otras especies. Algunas de las aves marinas que la habitan, poseen este lugar como único sitio de reproducción. Esta zona también abarca uno de los sitios de reproducción del langostino patagónico. Allí se alimentan y se reproducen numerosas aves marinas y costeras y mamíferos acuáticos. Es lugar de paso de más de 38 especies de peces.
La finalidad de este Parque es la creación de un espacio de conservación, administración y uso racional de especies marinas y terrestres y sus respectivos hábitats.
Creada el 16 de agosto de 2007 mediante la firma de un tratado entre el Estado Nacional y la Provincia del Chubut, estableciéndose un manejo en conjunto, entre la Administración de Parques Nacionales y la Provincia del Chubut.
La superficie total del Parque Marino es de 132.124 hectáreas. Según sus componentes, la superficie marina del mismo es de 79.080 hectáreas y la superficie insular es de 18.928 hectáreas. Su superficie continental 34.116 has. La longitud costera es 180 Km. y la cantidad de islas que comprende es de 39, más 6 islotes. En Camarones se encuentra la oficina de Parques Nacionales con sus respectivas autoridades locales.


Museo Perón

Es un museo dedicado a los años que los Perón pasaron en Camarones, donde Juan Domingo Perón era un niño. Esta obra, realizada por la provincia, data del año 2007, suma casi 500 m². Ocupa el mismo predio donde se asentó la histórica vivienda. La colección exhibe objetos que aún permanecían en la zona; con la colaboración de familiares, militantes y amigos, se sumaron piezas únicas provenientes de diferentes puntos del país que fueron recolectados por la Secretaría de cultura de la provincia y que hoy jerarquizan la muestra. También hay fotografías y manuscritos de relevancia, en la historia del movimiento justicialista, destacan entre una gran cantidad utensilios, ropa, juguetes y el mobiliario que acompaño a la familia  en estas tierras sureñas.


Podrá consultar otras publicaciones del autor
e informaciones y documentos sobre el presente libro en: http://narracionesenlinea.blogspot.com.ar/



Biografía del Autor

Germán Gustavo Diograzia. Argentino, marplatense
Ha escrito un libro de cuentos, 2 novelas y numerosos ensayos.
Incursionó brillantemente en el campo de la poesía, obteniendo el Primer Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Moreno, Provincia de Buenos Aires.
Actualmente es columnista de la Revista Tiempo de Fondo.
Ha presentado su Obra “La Nada y otros relatos” en la Novena Feria del Libro de Mar del Plata, 13 noviembre del 2013
Presentación de su Obra “La Nada y otros relatos” en el Centro Cultural Osvaldo Soriano de la Municipalidad de General Pueyrredón, en Mar del Plata, en el 2013
Firma de ejemplares de su obra “La Nada y otros relatos” en la 40 Feria Internacional del Libro en La Rural, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en mayo 2014
Exposición de Obras en el Festival Azabache, mayo 2014 Mar del Plata
Trabaja actualmente con la Sociedad de Escritores Marplatenses (SEM)
Es un viajero inagotable y un enamorado del mar en todo el sentido de la palabra. Buceador y amante de las profundidades, es también un navegante que busca estar más en la inmensidad del océano que en tierra. Justamente esos hechos le han permitido adentrarse en las más apasionantes historias y relatos para luego transmitirlos al lector ávido de sensaciones.

Obras Publicadas

La Nada y Otros Relatos (2013)
Charlas con Adolfo 1958 (2014)
El Secreto del Mono (2014)

Publicaciones en la Revista Tiempo de Fondo

Número 13: El Pirata Negro.
Número 14: El Viejo y el Mar. / Los Mareados.
Número 15: La calidad del agua a bordo / El gas en el barco
/ La Odisea de Shackleton o la historia de un gran navegante.
Número 16: Cuidado con el gomón.
Número 17: Cascos en terapia intensiva / Hombre al agua.
Número 18: ¡Átame! / San Andrés la Isla de las mil maravillas.
Número 19: A la hora de defenderse.
Número 20: Malditas filtraciones.
Número 21: Cuando la navegación se hace extrema.
Número 22: No se achique con las bombas.
Número 23: El traje que salvará su vida.
Número 24: El barco que tiene alma
Número 25: El último mensaje
Número 26: Los hijos del sol
Número 27: Naufragios con alma y vida
Número 28: Capitanes eran los de antes
Número 29: Titanic: Una historia argentina
Número 30: Una carta desde el abismo
Número 31: El misterio del “Mater Dei”
Número 32: Un amor pirata / La comida a bordo
Número 33: Vino para quedarse
Número 34: El cementerio de esclavos
Número 35: Lobas de mar
Número 36: El Lobo Perdido
Número 37: El Barco y los muertos

Revista Bienvenido a Bordo

Julio / Agosto 2010: Navegación Extrema en Mar del Plata
Noviembre / Diciembre 2010: Caribe Profundo

Publicaciones On-Line

Plegaria del Marino
El misterio del Polaris
El Oro del Olonés
Titanic Una historia argentina
El Viejo y el mar
Mi viaje al abismo
Anne Bonny y Mari Read Mujeres piratas
Cabalgar las olas
El Cementerio de esclavos
Atrapados en el faro
Caribe profundo
Una carta desde el abismo
Una singular historia marinera
Física aplicada al buceo
Peligroso buceo en un naufragio



Charlas con Adolfo - Año 1958
Germán Diograzia

I.S.B.N: 978 - 4/07/2014
Dirección Nacional de los Derechos de Autor Expediente 5176191 
Formulario 000264707 - 11/06/2014
Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización del autor

Editorial DEMIAN 2
Impreso en Argentina

Este libro se terminó de imprimir en: Impresos Falco - Septiembre 2014
 
 

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4 comentarios:

  1. Excelente relato hermano. Desde Mexico con cariño.

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  2. La historia la escriben los vencedores..., como el "Holocuento"

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  3. Notable relato felicitaciones

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